Qué es Common Goal, la organización solidaria que nació como respuesta al asesinato del colombiano Andrés Escobar

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Andrés Escobar, en acción frente a los Estados Unidos, donde marcaría un gol en contra. Horas después su asesinato conmovía al mundo (Shaun Botterill/)

El 2 de julio de 1994 era asesinado por un sicario el defensor Andrés Escobar, después de que tuviera la mala suerte de marcar un gol en contra de su selección, Colombia, ante Estados Unidos en el Mundial. Tres años más tarde, el joven alemán Jürgen Griesbeck, que era un becario que estudiaba justamente en esa ciudad, sintió que algo había que hacer para cambiar radicalmente esa situación. Entonces, devolvió su beca y se propuso ayudar a construir canchas por toda la ciudad y buscar afanosamente la paz. Chocó contra cientos de obstáculos y miradas desconfiadas, pero propuso que las pandillas jugaran al fútbol entre sí, sin árbitros, que las faltas se resolvieran por consenso, que los equipos fueran mixtos y que el primer gol de cada partido debía ser marcado por una mujer. Funcionó, al punto que hubo mil jugadores en el apogeo y el éxito fue tan grande que hasta Alemania importó el programa de integración social poco antes del Mundial 2006 en el que fue local.

Griesbeck terminó ganando en 2006 el prestigioso premio “Laureus Sport for Good”, y lo que primero fue “Streetfootball World” como organización para cambiar el fútbol desde la solidaridad, luego se transformó en “Common Goal”, cuando se unió Juan Mata, el ex futbolista de la selección española campeona del mundo en 2010 y del Manchester United, en 2017.

“Common Goal no es fundación en el sentido de la caridad, sino un movimiento -explica Ben Miller, uno de los socios, que llegó desde el área del marketing deportivo-. Es una organización que se basa en comprometer un 1% de los ingresos de los futbolistas, las marcas, los clubes, las entidades del fútbol y los medios de comunicación, para ayudar a determinados colectivos. Un fondo colectivo que invierte en transformar al fútbol en el planeta”.

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Jürgen Griesbeck, fundador de Common Goal

“Nuestra filosofía -insiste Miller- es que todo el mundo sabe lo que es el fútbol y no digo que esté bien como está, pero parte de este papel es el liderazgo ético, más mujeres en posiciones de poder. Si alguien está dispuesto a invertir en lo que ganan, ¿quiénes somos nosotros para decir que no?” y cuenta que todo comenzó cuando le escuché decir a Juan Mata, a quien conocía a través de otros españoles, que lo que cobraban los futbolistas era una barbaridad. Tuvimos reuniones, nos pusimos de acuerdo, y se generó ‘Common Goal’. Dos días después de su nacimiento nos contactó Mats Hummels, el campeón mundial en Brasil 2014, y tras él, Megan Rapinoe, y luego, Giorgio Chiellini. Más de una vez pensábamos que nos estaban tomando el pelo”, admite a Infobae. “Luego, ya hablamos con el hermano de Marcus Rashford, con gente de la Federación Española, de La Liga, se fue sumando mucha más gente a la iniciativa. Nuestro lema es ‘Uniendo a la comunidad del fútbol para siempre’”.

“Es una fuerza de colaboración para afrontar retos. Es un movimiento colectivo con la idea de trabajar conjuntamente, como en la cancha.”, explica Miller, quien recuerda que “había una cantidad de ONGs no conectadas y se armó entonces una red de 33 organizaciones en 17 países. Seguramente falta madurar como acción colectiva con la transformación de la industria y la gran pregunta que nos hacíamos es quién controla: se trabaja en igualdad de género, la paz, en el propio negocio del fútbol”.

Sin embargo, el camino no es fácil y muchas veces cuesta convencer a los futbolistas acerca de estas acciones. “Así como un buen ejemplo es Hyundai, que es socia de nuestro emprendimiento y tiene un compromiso con el cambio climático para 2040, o sea que está en el viaje, y jugadores que hacen bien las cosas y simplemente hablamos con ellos sobre cómo colaborar, nos encontramos con otros, que son top y que suelen tener mucha gente a su alrededor y esta gente no suele entender la acción colectiva y te dice ‘yo ya tengo mi fundación, gracias’, pero lo que genera el descuento del uno por ciento de los ingresos de cada uno es conseguirlo de manera coherente. La efectividad de las fundaciones de élite no suele ser muy buena. ¿Cuál va a tener más efectividad como impacto social, la de tu fundación o una que ya funciona desde hace años?”, se pregunta Miller.

En este sentido de las dificultades para que el entorno de los futbolistas entienda la necesidad de canalizar su compromiso con la solidaridad, un colega de Griesbeck, el CEO de “Common Goal”, Thomas Preiss, había organizado una reunión con el agente de un jugador en un café de Londres, pero esta terminó abruptamente cuando apareció la cifra del uno por ciento. “Encuentran que la narrativa está manipulada, de tal manera que rara vez se pueda hablar con el jugador”.

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«Radical football» el libro que cuenta la historia de Common Goal

No parece difícil de deducir que “Common Goal” tuvo más suerte con el fútbol femenino, consiguiendo que muchas de las estrellas se anotaran. “Es mucho más rápido, más fácil y más directo con las deportistas”, reconoce Griesbeck, quien de todos modos destaca la lucha interior de los varones por escapar de su “burbuja”. “Creo que la autoconsciencia de la jugadora es diferente -siguió-. Las mujeres, según nuestra experiencia, nunca se desconectan. No tienen el privilegio de desconectarse”.

“Common Goal”, a la que se puede acceder con un simple formulario, ya ha logrado sumar 240 futbolistas de todos los niveles y géneros (entre ellos, el alemán Serge Gnabry, la neerlandesa Vivianne Medema, la danesa Pernille Harder y el español Adama Traoré, el francés André Onana, el danés Kasper Schmeichel, el ecuatoriano Pervis Estupiñán, y el japonés Shinji Kagawa), que se suman para apoyar ocho áreas de impacto que impulsan el progreso hacia objetivos globales: lucha contra el racismo, igualdad de género, consolidación de la paz, cambio climático, inclusión LGTBQ+, empleabilidad juvenil, salud y educación.

Uno de los momentos más emotivos fue cuando otro de los jugadores que se anotaron en “Common Goal”, el único argentino de la organización, Paulo Dybala -que dona parte de su salario, entre otras instituciones, a “Granja Anda”, que sigue a jóvenes con capacidades diferentes-, apareció en una videollamada a una compatriota con Síndrome de Down y le regaló una camiseta de la Roma, su actual equipo.

Elvira González-Vallés Martínez, también de “Common Goal” y radicada en Alemania, cuenta a Infobae el programa “Somos Equidad” implementado en América Latina desde 2021 y que continúa ahora con el apoyo de expertos como la Fundación Selección Colombia, “Women Win” y “Soccer Without Borders” así como la participación de catorce organizaciones de la región, en Ecuador, México, Colombia, Costa Rica, Uruguay, Chile, Perú y Argentina.

El programa tiene como principales líneas estratégicas para fomentar la igualdad de género, como promover el liderazgo femenino en programas de fútbol comunitario, incrementar el número de entrenadoras en las canchas, asegurando que todas las niñas tienen modelos femeninos a seguir, e incrementar la participación de las niñas en el fútbol, rompiendo las barreras que les impiden acceder (oportunidades, estereotipos, etc).

En el Mundial pasado, Adidas presentó la pelota “Al Hilm”, antes de la final, con el mensaje: “Este es un juego de dos tiempos”, porque terminaba el masculino pero en 2023 se jugará el femenino en Nueva Zelanda y Australia, a sabiendas de que sólo el 14,1 por ciento de los hinchas de fútbol de la Generación Z que apoyaron al Mundial de varones, apoya al de mujeres. Con la idea de apoyar la igualdad de género, entonces, se decidió que el 1% de la venta de todos los balones oficiales de 2022, Al Hilm y Al Rihla, contribuyera al programa “Global Goal 5 Acelerator”. Y también el 1% de la venta de la pelota oficial del Mundial 2023, “Oceaunz” -que contará con la nueva tecnología “Balón Conectado”-, será para reinvertir en el fútbol femenino.

Meses antes, y a propósito de la guerra entre Rusia y Ucrania, “Common Goal” había lanzado también la campaña “Team Up For Ucrania”, para brindar apoyo inmediato y a largo plazo a los afectados por el conflicto.

EFE/EPA/LUCA ZENNARO/Archivo
EFE/EPA/LUCA ZENNARO/Archivo (LUCA ZENNARO/)

En cuanto a otras de sus campañas, la “Play Proud”, de ayuda para un fútbol más inclusivo, se logró reunir a ocho clubes de Canadá, Estados Unidos y México con grupos de hinchas de los tres países con más de cien horas de programación inclusiva LGTBQ+ para tratar de que el próximo Mundial sea “el más inclusivo de todos”. También lograron llenar, en verano, y por la misma campaña, el estadio Rose Bowl de Los Ángeles con el partido Real Madrid-Juventus.

Otro ejemplo de contribución a través del fútbol es el del jugador español del RB Leipzig y de la selección de su país, Dani Olmo, quien luego de haber hecho las divisiones inferiores en La Masía del Barcelona, decidió seguir su carrera en el Dínamo Zagreb. Jugó seis años allí y terminó adaptándose a aquella realidad, al punto que lo apodaron “Olmic”, con la terminación de su apellido como si fuera croata. Unido a “Common Goal” desde 2020, el uno por ciento de su salario lo destina a “Cross Cultures”, una organización que trabaja en Croacia y que utiliza el fútbol para tender puentes entre las comunidades afectadas por la guerra de los Balcanes.

“Common Goal” se basa en la creencia de que el fútbol, como deporte más popular del mundo, “es una de las pocas fuerzas culturales lo suficientemente fuertes como para ayudar a cambiar la sociedad hacia un futuro más sostenible y equitativo para todos, como para actuar como catalizador de la transformación social”.

En su libro “Fútbol Radical”, Griesbeck recuerda lo que era Medellín en los tiempos en los que él estudiaba, un territorio en el que la violencia era el común denominador, y cómo pudo avanzar en el proceso de paz gracias al balompié y al apoyo de su esposa colombiana Élida. “Ella conocía los códigos culturales de Medellín y sabía el peligro al que me exponía. Yo no sabía nada. Yo era un novato. Ella fue la valiente, no yo”.

“Estábamos lidiando con asesinos en serie -cuenta Élida- pero me sentí más inspirada, más conectada, porque se permitían emocionarse. En el fondo, no querían vivir esa situación. Querían paz y simplemente no sabían cómo llegar”.

“Conducìa un Ford 1954 -retoma Griesbeck en su libro- y eso lo hacía notorio y de bajo status, porque los lideres de las pandillas tenían autos más llamativos. El auto ayudó. Ser reconocible era parte de mi seguro de vida”.

Años más tarde, el socio de Griesbeck en la lucha contra el crimen, Alejandro Arenas Tobón, regresó a Medellín y pudo observar un partido de fútbol callejero que se estaba jugando con las reglas del “Fútbol por la Paz”. Al consultarles, los jóvenes no sabían dónde lo habían aprendido. Desde que tenían uso de razón, siempre se había jugado de esa manera, se cuenta en el libro “Fútbol Radical”.

“El fútbol -concluye- es lo único que puede hacer lo que la humanidad necesita hacer. La religión no puede hacerlo ahora. Ningún gobierno puede hacerlo. Las Naciones Unidas no pueden hacerlo. Ninguna música puede hacerlo. Ningún fenómeno cultural puede hacerlo. No hay nada más, es el fútbol. Es la única fuerza unificadora que le habla a más del cincuenta por ciento de nuestra población. El fútbol puede llegar a los corazones y las mentes de las personas, una masa crítica, y puede cambiar nuestra forma de ser como seres humanos. Pero necesita despertar y debe hacerlo”.

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